En la Alta Edad Media, los vikingos o normandos (hombres del Norte) adoraban a Odin, el dios pagano de la guerra, que los guiaba a través de los mares cada vez que emprendían sus habituales incursiones de saqueo. Einar y Eric, hijos ambos del rey vikingo Ragnar -aunque ignoraban su parentesco-, se odiaban profundamente, pero se vieron obligados a luchar juntos para rescatar a la princesa Morgana, de la que ambos estaban enamorados, de las garras del rey de Inglaterra.
Según una antigua leyenda, no existía en el mundo objeto más valioso que la campana de oro de Saint James. De hecho, fueron muchos los hombres que dedicaron su vida a la búsqueda de tan fabuloso tesoro. Tras descubrir su escondite, el aventurero vikingo Rolfe zarpó en un gran barco robado rumbo a la fortaleza mora de Shiekn el Mansuh, quien también buscaba la campana